|
Propósito de enmienda
|
||||||||||||
|
Huían por la carretera en dirección al sur, en un viejo Dodge negro convertible, el sol se hundía en el abismo a la derecha del lado del precipicio; una pared de piedra violeta, escarpada, a la izquierda, trepaba hacia el cielo de los coyotes. Hacía más de una hora los había sobrevolado un helicóptero, tan de cerca, que habían podido distinguir a tres gorilas con lentes negros. La soledad era desde entonces total. No se habían cruzado con nadie. Debían haber cortado las rutas. Es raro que no aparecieran porque dentro de media hora sería de noche. Los cabellos de ella flameaban rojizos como el poniente. No llores, imploró él. No lloro por esos tipos, rugió ella, sino por la forma en que me tratás. Maravillosa mujer. Él se prometió enmendarse. No importa que fuera la millonésima vez. Trataría en lo sucesivo de no herirla. Qué importancia tenía que tal vez les quedaran unas pocas horas o unos pocos minutos o unos segundos. La redención no es cuestión de tiempo, ¿no puede darse acaso en un instante luminoso, como un golpe de platillos? Aunque cayera mil veces, mil veces se levantaría. ¿Es posible reparar el mal que se hace a los que se ama? ¿Aunque sea un segundo antes de que todo termine? Prometeme. Te lo prometo. Nunca más.
|
||||||||||||
|
||||||||||||