Todo por la victoria
(Fragmento encontrado en las ruinas de Brnko)

 

- El jefe está encerrado en su oficina –me dijo esa mañana mi secretaria (pálida, el rouge y otros cosméticos se habían acabado hacía meses). Desconectó el teléfono.

Me dolía la cabeza y para colmo me había olvidado los lentes negros. (Hasta el atenuado resplandor del otoño comenzaba a producirme cefalea).

- Mataron a Yogar, añadió con el mismo tono neutro con el que había dicho lo anterior, que constituía una información ya bastante extraña conociéndolo a Branzo, si es que aquí se conocía a alguien.

Por la ventana se veía un halcón revoloteando sobre el polvoriento patio trasero.

- Era el más joven de los guardias.

¿Podía eso explicar una crisis de Branzo en medio de la ofensiva (hay que añadir siempre defensiva, porque los periodistas andan por todos lados) del otoño, antes del terrible invierno de Brnko?

Como si leyera mis ojos, se defendió: Yo no establecí ninguna relación entre las dos cosas. Y sin cambiar de tono añadió: Hoy sólo puedo ofrecerle un té bebido.

La polvorienta vitrina de la legislación militar me devolvió un rostro desconocido. - Prefiero bajar primero al subsuelo, respondí.

Recibí un parte formal y distraído.

- Atacaron los archivos anoche, él estaba de guardia… etc.

 

Rodolfo Mattarollo
Página actual
Pag. 2
Página siguiente
©MMI -créditos-
página